Felipe Rodríguez
C.
La madrugada del 1 de junio de 1980 permanece en el recuerdo
colectivo de la mayoría de los chilenos. Ese día, Martín Vargas se
enfrentó en Tokio al campeón japonés Yoko Gushiken por el título
mundial mini mosca de la Asociación Mundial de Boxeo. Mario Olguín,
el futuro director de Beatlemanía, también se encontraba esa noche
frente a la TV con unos amigos. Para paliar la espera, hicieron algo
que Olguín jamás olvidó: tomaron unos instrumentos e interpretaron
canciones de Los Beatles. El resultado para el doble musical de John
Lennon fue desastroso. Durante los siguientes meses, todos siguieron
juntándose a tocar temas de los cuatro de Liverpool. Salvo él,
desafectado por su escasa pericia musical. Pero quedó feliz: fue la
primera vez que se puso en la piel del grupo.
Durante su infancia y adolescencia en su natal Villa Alemana,
Olguín no tuvo mayor empatía por Los Beatles. Lo suyo eran los
grupos latinos. Participó en festivales estudiantiles cantando temas
de Dyango, Raphael y, especialmente, Los Iracundos, su banda
favorita. "Me sabía todas las canciones de ellos, aunque nunca fui
bueno para tocar guitarra", indica. El giro de Olguín tiene nombre y
apellido: "El Álbum Blanco" (1968). Dice que escuchar "Happiness is
a Warm Gun" fue un aullido en su cabeza. Una melodía que divide en
dos su gusto por la música. "Quedé loco. Conocía temas como 'She
Loves You' que eran más dulzones, pero ese disco tenía
experimentación y riesgo. Desde esa vez, allá por el año 74, que me
hice fanático. Empecé a coleccionar todos sus discos", recuerda.
Cuatro años después, tuvo su primer aviso. Un día, mientras
estudiaba en la casa de un compañero, una persona llamó por teléfono
y no lo reconoció. Más bien, lo bautizó. "¿Con quién hablo?, me
dijo. Con el Mario, le respondí. 'Oye, hablai igual a John Lennon,
te pasaste'. El tipo, que era hermano de mi compañero, captó mi
timbre y desde ahí que me aluciné con John", señala.
El músico se tituló de ingeniero, comenzó a hacer clases en la
Universidad Católica y trabajó siete años en la Corfo. En esa labor
estaba cuando, en plena segunda mitad de los 80, formó una banda con
amigos y se dio cuenta del impacto que producían Los Beatles en la
gente. Le gustó tanto que renunció a su trabajo. "Pero el resto no
me siguió y quedé tirado", explica. Volvió a ponerse terno y
corbata, esta vez como jefe de Informática en Isapre Consalud, pero
aguantó un año y medio. "Renuncié en julio del 89, registré
Beatlemanía, formé mi banda y me lancé", cuenta.
Hoy, el músico es el mayor exponente del legado beatlesco en
Chile y confiesa que durante estos veinte años de independencia ha
llevado la vida que siempre quiso tener. Tiene 57 años, sin pareja,
sin hijos y una enorme casa en La Reina que ocupa como centro
operacional. Allí tiene su sala de ensayo, su oficina, sus
escritorios y sólo una cama con un par de muebles que atestiguan su
existencia. Cuando no tiene trabajo, pone unas cuarenta sillas en el
living y organiza shows. Lo mismo sucede para el Año Nuevo. Cobra
$15.000 pesos por persona y en su extenso patio hace un recital que
mezcla canciones donde conviven Led Zeppelin, The Hollies, Rolling
Stones y, por supuesto, Los Beatles. "No hay mejor carrete para el
Año Nuevo. Nos juntamos con gente conocida, hay cabros chicos
corriendo por la casa y nos quedamos cantando hasta la madrugada.
Espectacular", relata.
EL IMPERIO BEATLES. Mario Olguín sabe que la competencia es
durísima. Cada seis meses vienen al país grupos que hacen versiones
de Los Beatles, pero no se preocupa. Es más, al día siguiente de su
show en el teatro Nescafé de las Artes -7 de diciembre, 21 horas-,
una banda comandada por Lousie Harrison, hermana del desaparecido
George, tocará en el teatro Caupolicán. "Los músicos que vienen a
Chile son todos malos. Ponen pistas grabadas, se visten como Los
Beatles y chao. Estoy seguro de que John y George se deben revolcar
en su tumba, y a Paul tampoco le gusta. Te digo algo: no me caen mal
esos grupos, pueden llegar a ser amigos míos, pero quiero que la
música de Los Beatles sea mirada con respeto", indica.
El guitarrista, director y alma de Beatlemanía, asegura que como
su grupo no hay dos en el planeta. "Somos la mejor banda Beatles en
el mundo, por lejos. Imagínate que para el show del 7 de diciembre,
tendremos a una Orquesta Filarmónica, un coro de quince niños.
Reproduciremos el sonido de la banda tal como lo escuchas en los
discos. Y nunca nos verás con disfraces ni movimientos raros. No
tenemos ninguna fijación con ellos", explica.
- Cumples veinte años al mando del grupo. ¿Se puede vivir
haciendo covers?
"Mira, si tuviera hijos no podría vivir de esto. Pero no me
quejo. Vivo bien porque vivo con poco. Soy muy profesional. No tengo
auto porque si me invita un amigo a su casa, me voy a tomar dos
whiskies. Si salgo a comer con una amiga, me tomo un pisco sour, una
copa de vino, un whisky y no podís manejar. No me caliento la
cabeza".
- ¿Qué te dijeron tus padres luego que dejaste un trabajo como
ejecutivo para lanzarte a la independencia y como músico?
"Mi mamá me pregunta si tengo Isapre. Y le digo que sí. Si tengo
AFP. Y le digo que no. '¿Qué va a hacer cuando sea viejito?', me
dice. No sé, le respondo. Seguir tocando a Los Beatles, me imagino"
(se ríe).
- ¿Qué es lo que te hace feliz?
"Este tipo de shows como el de los 20 años de Beatlemanía. Mira,
el total de entradas para ese concierto son 930 y van vendidas cerca
de 700. O sea, ya se llenó. Pero este tipo de shows no los concibo
para ganar dinero. Es para darme un gusto. Si pago iluminación,
acomodadores, músicos, y me quedan diez lucas para comprarme un
Johnnie Walker con hielo y unos cigarros, digo: la hice bien. La
plata la gano en eventos de bancos o casamientos".
- ¿Y salen muchos de esos trabajos?
"Sí, todas las semanas. Tenemos más de dos mil shows en el
cuerpo. La semana pasada hicimos tres el mismo día. Estuve tocando
en Calama y mandé a los Beatlemanía Jr. a tocar en San José de Maipo
y luego en Tobalaba. Mañana -sábado pasado-, por ejemplo, tengo un
matrimonio en Casa Piedra. El novio es fan de los Beatles y cantará
cuatro canciones con nosotros. Va a estar bueno. Me pidió hasta
temas de los Rolling, de Genesis. De puro mirar el tracklist, hasta
a mí me dieron ganas de casarme" (se ríe de nuevo).
PAUL MAC CARTNEY Y YO
El fanatismo de Olguín por los de Liverpool es tan grande que
desde 1997 organiza un paseo anual por Londres y Liverpool. Allí,
junto a un promedio de quince personas realiza un recorrido por los
lugares más trascendentales en la historia beatlesca: los estudios
Abbey Road, las casas donde vivieron en Liverpool y el pub The
Cavern, entre otros. "Un día estaba cantando en un programa del
Pollo Fuentes cuando me preguntó qué venía para Beatlemanía. Me
pilló de sorpresa y le dije que estábamos preparando una visita
turística a Inglaterra para recorrer lugares sagrados del grupo. Di
mi teléfono al aire, y cuando volví a mi casa tenía el contestador
saturado de llamadas. Fuimos 44 personas esa vez. Pero eran muchos.
En el metro se me perdieron varios y quedé enfermo buscándolos",
indica.
El guitarrista atesora como su mejor recuerdo una tocata en el
mítico pub The Cavern junto a su banda. Les pagaron 120 libras, la
misma cantidad que recibía el cuarteto durante sus primeros shows en
su ciudad. "Fue un pago simbólico, pero cumplí otro sueño".
Sin embargo, la gran oportunidad de estar junto a uno de sus
héroes fue desperdiciada por Olguín. En 2002, hizo un tour por Miami
donde tocaba Paul McCartney y luego prosiguió el periplo a Londres
junto a sus ocasionales compañeros. Cuando llegaron al aeropuerto de
Heathrow, en la capital inglesa, se encontró con un tipo igual al
bajista, pero que, según Olguín, era más joven. Algunos lo
reconocieron y se acercaron a él. Menos Olguín, quien estaba
convencido de que era un doble haciendo el mejor tongo de su vida.
"Pensé que era un doble y que se estaba riendo de nosotros. Fui el
único que no quise ir por esa cosa del orgullo chileno. Cuando de
repente, veo a una cojita que se acerca y saluda a Paul, era su ex
esposa -Heather Mills-. Saqué como pude la cámara, me imaginé la
foto en la página de Beatlemanía y Paul me mira y me hace un gesto
de que no quiere nada. Me quería morir", dice.
- Si hubiese una banda en la vida que no fueran Los Beatles. ¿En
cuál te hubiese gustado estar?
"En Los Rolling Stones. Siempre fueron los más
rockeros".
Bandas tributoEl fenómeno es reciente. Desde
esta década que las bandas tributo lograron ser miradas con atención
y no con desprecio. Si en Las Vegas, Estados Unidos, aparecieron
hace muchos años los dobles de Elvis Presley y Frank Sinatra para
amenizar las jornadas nocturnas en los casinos, en el mundo el
experimento se esparció. Para Mario Olguín, estos hechos son
positivos, aunque hace sus diferencias. "Tú ves a los que vienen a
hacer covers de Los Beatles y vienen a llenarse los bolsillos",
remarca y añade que Beatlemanía responde a la profesionalización de
este tipo de bandas. "Cuando fuimos al festival de Viña en el 93,
mis compañeros se empezaron a creer el cuento y no llegaban a la
hora a los ensayos. ¿Qué pasó? Les empecé a aplicar multas, se
enojaron, me trataron de dictador, se fueron y formaron una banda
que se llamó Beatles For Ever que duró cuatro meses. Yo, al día
siguiente, tenía músicos nuevos. El grupo es mi empresa y no puedo
fallar", cuenta.